La Página Ediciones

Lo que somos

Muchos años después

Domingo-Luis Hernández

 

 

Frente a la entrada principal de la Universidad de Buenos Aires, donde estudié en el año 1987, tenía su sede el Centro Editor de América Latina. Visitaba con frecuencia la pequeña librería que daba a la calle; y trabé amistad con el hombre que atendía a los clientes y curiosos. Compré muchos de los libros que el CEAL publicó, fundamentalmente los de la serie Capítulo Universal y los de Capítulo: Historia de la literatura argentina, en sus primeras ediciones. Por esa experiencia traía una idea a Tenerife en mi regreso. Y se la comuniqué a algún amigo: unir a los grupos que se aventuraban en el mundo de las publicaciones precariamente aquí, en Canarias. En el año 1981, Manuel Villalba Perera, Nilo Palenzuela y yo habíamos creado una colección que se llamaba LC / Materiales de Literatura Canaria. Era una experiencia inédita. Por primera vez en las Islas nos empeñamos en dar a la estampa una serie de monográficos sobre autores y movimientos literarios de Canarias. Dimos a conocer cuatro: Agustín Espinosa, Pedro García Cabrera, los escritores “fetasianos” (es decir, Isaac de Vega, Rafael Arozarena, Antonio Bermejo y José Antonio Padrón) y Félix Casanova de Ayala y el Postismo. Desde el número de los Fetasianos no nos acompañaba Nilo Palenzuela; y salió un quinto (dedicado a Félix Francisco Casanova) que no editamos nosotros.

 

En los años de LC creímos poseer una diferencia respecto al grupo sobre el que signábamos nuestros pasos: gaceta de arte, liderado por Eduardo Westerdahl. La diferencia era lo “propio”, que creímos que allí no se encontraba. Esto es, faltaba tiempo y análisis, porque las lecturas y los datos de gaceta de arte más tarde nos confirmaron claves distintas. Descubrí que el grupo de Westerdahl era equiparable al grupo que reunió Borges desde el año 1921 en Buenos Aires. No podíamos evitar la literatura, y la trabajosa travesía por el desierto del aprendizaje y del juicio debía formar parte de nuestra inquietud. Además, Borges es el escritor más argentino de cuantos escritores argentinos habitan y han habitado el planeta; gaceta de arte es el proyecto más canario de cuantos proyectos canarios han existido, al punto del adelanto paroxístico.

 

Por eso quise que ese posible y buscado Centro Editor de Canarias conservara el principio de heterogeneidad que habría de fundamentarlo. Y propuse que rescatásemos la idea de LC (conducida de nuevo por Manuel V. Perera y yo), que apoyáramos las iniciativas de otros (como las de Juan José Delgado, que había fundado algunas revistas como La Teja de Bogotá y Fetasa) y adelanté la idea de una nueva: La Página. Veríamos de resolver, además, proyectos editoriales cercanos, como el que se llamó Inventarios Provisionales en los años 70, capitaneado por JJ Armas Marcelo.

 

Quise compartir el proyecto de La Página y del Centro Editor, pero la propuesta no cuajó. Luego, estuve como al principio entre apuntes y bocetos que contenían una idea muy clara: promover desde Canarias, para todo el Estado y para el resto del planeta, una revista de literatura y pensamiento contemporáneos.

 

Por tantas fechas, pues, el proyecto tiene historia, porque de 1989 hasta este punto han transcurrido muchos años y se han impreso muchos números de una revista que se llama La Página. Y bien podría esa historia estar resumida en los recovecos que van del Neobarroco al Postneobarroco, de preguntar al ángel de Cacciari sobre “qué escribir en el límite” a mostrar al ángel de Cacciari, que está en las puertas del Paraíso en cargo de su custodia, las tentativas para que se las chive al Todopoderoso que nos expulsó y nos señaló el sendero de la errancia.

 

Asumimos la tentativa desde el principio: apostar por escritores y por el pensamiento actual que representaran nuestro desvelo, desde el primer número dedicado a Luis Mateo Díez hasta los dedicados a J.M. Coetzee, Cormac MacCarthy, la nueva novelas española o al cineasta ruso Andréi Tarkovski...; desde el empecinamiento en descubrir signos neobarrocos en el primer Tabucchi o en el primer Luis Mateo Díez al análisis exclamativo de la excepcional El expediente del náufrago, o sumarnos al enigma de la inquietud de Chatwin, la rebeldía de Handke...

 

Los escritores de Canarias están ahí, cuando tienen que estar y con el mismo tipo de letra. El rescate del Clavijo de Goethe es un ejemplo. La invocación (se dirá “de nuevo”) de las Vanguardias y el perfil más cierto de gaceta de arte, la entonación con el surrealismo hispánico e ibérico (con las figuras portuguesas y nuestras figuras, algunas fundamentales para la escritura de la lengua como Agustín Espinosa), e Isaac de Vega, y Andrés Sánchez Robayna, y Juan Cruz Ruiz, y JJ Armas Marcelo... definen su convergencia, sus perspectivas, sus expectativas y las nuestras.

 

Pero andábamos presos de otro rigor: verter en las páginas de La Página señales que nos hermanaran con otras latitudes. A eso contribuimos desde el número 1, con la edición de uno de los Cantos de Ezra Pound. Y desde entonces las ediciones de materiales creativos (generalmente en estampaciones bilingües) fue una marca de La Página, hasta finales del año 2006 (número 64/65, Surrealismo en presente) en el que se cerró su primera etapa, cambiamos el formato (de 19 x 29 pasamos a 16 x 23) y optamos por monográficos exclusivos en forma de libros coordinados por especialistas.

 

El resumen vale. La mercancía editorial contempla esas equivalencias con la discusión sobre procesos y actitudes en el seno de la modernidad (cito a Cacciari, y Givone, y Jarauta, y Subirats, y Llovet..., la marginalidad, la errancia dicha, el feminismo, del que no escapa la mirada sobre la cultura desde Lacan), etcétera, etcétera, etcétera...

 

El proyecto, pues, se resume por dos cosas: la reflexión sobre lo mejor de la literatura de nuestro tiempo en íntima dependencia con el pensamiento de nuestro tiempo (como probó Benjamin y Heidegger, y como ejemplifican Rovatti o Jarauta), y la constatación de que el arte es acción.

 

Así pues, aclara la existencia de La Página un programa sobre la expectación; el conocer y el reflexionar para valorar y para compartir. Las inclusiones, las selecciones y las traducciones son un buen ejemplo de ello, como ya dije; y la permeabilidad, la novedad de los márgenes, la creatividad de la frontera, el valor del desplazamiento, el compromiso, la ética, las 7 plagas a las que el academicismo sentencia (como el feminismo, la reflexión cultural…), el monstruo latinoamericano, la cercanía insular, la Europa que responde al inmovilismo semiótico, a la decadencia, al tradicionalismo, a la falacia de la autosuficiencia, de lo acabado...

 

Nos preguntarán “¿y qué?”, y responderé “acaso poco”, acaso que permanecemos atados al demonio insular de la novelería (cual nos enseñó don Domingo Pérez Minik), de proyectar la frontera más allá de su alcance y del terror postcolonial por la ausencia del padre en la cultura. Pero La Página (si a algo responde en su historia) es a la perspectiva, ésa que nos hace responsables con lo que fuimos, somos y queremos ser. Sin excusas, sin fortificar murallas, sin alzar empalizadas ante nuestros ojos, muros que nos defiendan del otro porque somos “nosotros” y tal cosa es suficiente; bien al contrario, con el arrojo y la promulgación ética del salir. Buscamos descubrir (que es descubrirnos), oír los murmullos de la diferencia y subrayar nuestra posición en el mundo que es el modo más eficiente de desplegar la identidad. Idiomas nunca oídos y rostros jamás visitados.

 

Esos somos.

 

Galería de imágenes I

Domingo-Luis Hernández / Escritor y director de La Página

[Entrevista] Eduardo García Rojas

El Perseguidor, Diario de Avisos, Número 155, domingo 23 de junio de 2013

¿Cómo y por qué aparece La Página?

 

Cito el principio: año 1987 y mi viaje, por estudios, a Buenos Aires. Habría de permanecer algún tiempo allí. De donde, lo que me llevaba de aquí comenzó a tener sustento allá. Por el contraste entre nuestro modo de hacer y lo que ocurría en Argentina. Yo había participado en la creación de algunos proyectos en Tenerife, casi desde mi llegada a la universidad. Se manifestaron en el año 1981 con la creación de LC. Eso me llevaba. Y otra cosa: la convicción de que lo nuestro por lo nuestro era poco. Me acompañaba, además, el estudio de la cultura/literatura de Canarias y ahí dos hitos excepcionales: la Revista de Canarias del XIX y gaceta de arte en las Vanguardias. Esa Canarias es otra Canarias, porque se centra en lo que acontece en el mundo. Y descubrí que tanto una revista como la otra son las revistas más canarias de cuantas se han editado en Canarias. Ese era el modelo; eso fue lo que pensé en Buenos Aires y eso fue lo que me dispuse a fundar con mi vuelta a Tenerife. Y eso logramos por primera vez en el último trimestre del 89.

 

¿Una revista cultural desde Tenerife?

 

Sí, claro; y con todos los elementos que una revista cultural contiene. Es decir, podíamos haber inventado una revista íntima, reducida a un círculo selecto, con distribución específica, pero nos decidimos por otra: competitiva con las otras revistas del medio, desde El Urogallo de entonces a Quimera. En ese punto todo cambiaba y a eso nos dedicamos. Lo primero la distribución; lo segundo, el ámbito (todo el territorio del Estado) y las plazas que pudiéramos conseguir fuera; lo tercero, los gremios profesionales a los que debíamos pertenecer (ARCE, muy importante entonces, CEDRO...) 

 

¿Con que apoyos contaron en un principio y con que con respaldo cuenta en la actualidad?

 

La Página se creó por el apoyo decidido de dos instituciones públicas: la Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife. Sin esas ayudas hubiera sido imposible crear La Página. Y recuerdo dos nombres, porque ellos estaban convencidos de que esa debía ser la labor de una revista creada aquí, intervenir desde Canarias/Tenerife en la cultura del mundo, opinar, reflexionar sobre la cultura del mundo (desde Luis Mateo Díez, a Cormac MacCarthy o Tarkovsky) y proyectar hacia el mundo lo que hacemos aquí, cosa que hemos hecho de manera ininterrumpida desde el 89. Esos nombres son Juan-Manuel García Ramos y Miguel Zerolo.

¿Hasta que punto ha afectado la crisis a La Página?

 

Aprovecho esta pregunta para completar la anterior: no hay apoyo directo alguno (salvo alguna parca iniciativa del Cabildo de Tenerife) a La Página por las instituciones públicas en la actualidad. El Estado las ha reducido hasta cifras irrisorias, y las revistas culturales lo tienen crudo. Además, dolorosa, incomprensible e impúdicamente el Gobierno de Canarias desde 2009 (por lo menos) ni saca las convocatorias anuales (a las que estaba obligado por decisión del Parlamento) a las revistas y editoriales de Canarias, ni (como suele ocurrir en casos excepcionales) han concedido ayuda alguna a La Página como tal revista. La crisis (afirman) es la culpable. No estoy de acuerdo. Acepto el hecho de que todos hemos de apretarnos el cinturón en ocasiones como esta. Es decir, estoy de acuerdo en que se nos rebaje el tanto por ciento que nos corresponde, no que se nos borre del mapa. Por eso digo que a algunos dirigentes (cuyo bagaje cultural es del todo manifiesto, como ha ocurrido en sesiones del Parlamento de Canarias) les ha venido bien la crisis para ponerse en su lugar. Y es que la crisis nos ha enseñado a los ciudadanos comunes que algunas convicciones de los políticos de este país están a la altura de su catadura moral.

 

¿Y cómo entiende que está abordando la literatura actual la recesión que actualmente vivimos?

 

Distingamos: creación e industria editorial. La creación no se reciente; al contrario. La industria sí. La bajada de ventas de libros en este país sería considerada un espanto en cualquier país civilizado (que los hay). Eso hace, además, que las editoriales estén contra las cuerdas. Y eso afecta, de manera especial, a los escritores noveles o no consagrados. Porque, por desgracia, en este país las editoriales no buscan y fabrican lectores (como la británica Pinguin o la norteamericana Randolph House) sino que los usan. Por eso las editoriales pequeñas e independientes, como La Página, son tan importantes.

¿Cuál es la línea editorial de La Página?, ¿qué principios la rigen desde sus inicios?

 

Quiero recordar, en primer lugar, que hablamos de la revista de Canarias con más números publicados, con más años de presencia ininterrumpida en el mercado, con colaboradores inimaginables en estas islas, con una distribución efectiva en toda España y en el mundo, con suscriptores en los cinco continentes, etc., etc. Eso lo hemos logrado por lo que La Página es: una revista heterogénea, proyectada hacia lo más incitante de la literatura actual, a los autores y a los deslizamientos culturales (filosóficos, artísticos...) que nos rodean. Lo importante a considerar aquí es que, si eso hemos logrado, Canarias, los canarios, la cultura de Canarias están en esa situación, porque siempre hemos concedido espacio a Canarias en La Página, con el mismo tipo de letra que le hemos concedido a las grandes figuras de la literatura universal. El principio es: estar en el mundo como somos y por lo que somos y no tenerle miedo alguno a que el mundo (tal como es) nos visite. La Página lo que ha hecho, hace y hará será derribar las barreras, los muros, las empalizadas de Canarias, como nos enseñaron Eduardo Westerdahl, Domingo Pérez Minik, Agustín Espinosa, Pedro García Cabrera..., por no hablar de Cairasco, de Clavijo y Fajardo, de Solórzano Sotomayor, Viera, Morales, Quesada... Es decir, somos una cultura de frontera (eso nos hemos probado desde el Renacimiento, más aún, desde las Endechas a Guillén Peraza), eso nos identifica, forma parte de nuestra más duradera y certera identidad (pésele lo que le pese al pacato e inculto nacionalismo). Somos “noveleros”, como me repetía don Domingo Pérez Minik.

 

¿Qué números consideran que han sido los hitos de la revista?, ¿los que más han sonado de La Página?

 

Pregunta difícil de responder: todos los frutos son buenos, como los hijos. Pero respondo, no tanto seleccionando cuanto subrayando. Subrayo que hemos sido los primeros en España en dedicar un monográfico a Luis Mateo Díez, que nos ocupamos de Chatwin cuando aquí era un absoluto desconocido, de Antonio Tabucchi, de Coetzee, de Cormac MacCarthy, de Juan Gelman, de Arlt, de la parte menos reconocida (e incluso oculta) de la obra de Borges, de Piglia, que le hemos dedicado espacio a las vanguardias de Canarias, España, Portugal, Hispanoamérica, que le hemos concedido una importancia relevante al feminismo, a las posiciones culturales de nuestro tiempo (desde el Neobarroco al Postneobarroco, la marginalidad...), a la ética y la literatura... Y paro.

 

¿Qué espacio ha tenido la literatura que se escribe en Canarias en la revista?

 

Recalco lo siguiente, cual hice en la pregunta anterior: dimos a conocer la traducción directa del alemán del Clavijo de Goethe, ya he hablado de las vanguardias y de gaceta de arte, recuerdo lo publicado sobre la joven poesía y nombres concretos con espacio ahí: Sánchez Robayna, JJ Armas Marcelo... Me detengo en dos cosas: una, La Página dedicó un número entero de 296 páginas a la historia de la literatura de Canarias (núm.76) y dos: el monográfico (número 9) dedicado a Isaac de Vega. La gente de aquí no lo sabe; lo revelo ahora: ese monográfico hizo que la revista de Barcelona Quimera nos pidiera un espacio parecido al nuestro sobre Isaac de Vega para publicarlo en sus páginas, cual ocurrió.

¿Y cuál es su valoración de la literatura canaria?, ¿cómo entiende su evolución hasta nuestros días?

 

Es muy buena. Me decía mi amigo y maestro Ricardo Gullón que la Literatura es un gran campo de batalla lleno de muertos. Y he de aludir al carácter positivo de mi amigo y Coordinador de Redacción de La Página desde hace veinte años, Sinesio Domínguez, que insiste en no disgustarnos por los muertos (que los hay en Canarias, y muchos), sino en aferrarnos a los vivos, que los hay también aquí y en gran cantidad. Creo que Canarias es, además, en lo literario, un laboratorio de pruebas excepcional. Dije frontera cultural y lo repito: aquí eso es concluyente, y lo es antes que en otros lugares de frontera del mundo como Hispanoamérica. Luego, ocurren fenómenos aquí (por ejemplo, la modernidad de Cairasco y la traducción, las búsquedas del padre ausente de la cultura como en el XVIII, las tramas del romanticismo —la reivindicación de los aborígenes incluida—, las vanguardias...) que han de estudiarse bien para entender. Y no digamos las figuras. Cité a Cairasco y si digo que es uno de los escritores más grandes del idioma en su momento, no miento. Pero sigamos con nombres más recientes: Agustín Espinosa, Luis Feria o el caso (no bien estudiado ni considerado en la novela española de posguerra) que es Isaac de Vega. Con esos mimbres podemos hacer buenos cestos, como me decía mi abuela.

 

La Página también es una editorial. ¿Qué podría decirnos de esta nueva aventura?

 

En realidad, La Página nace como editorial (La Página Ediciones) porque el espacio de la revista se nos quedaba corto. En la primera etapa, que va hasta el número 61, dedicamos un importante espacio a la creación literaria. Y, repito, era poco. Luego... Lo mismo al ensayo, con temas que nos interesaban, como el feminismo, la marginalidad, el estudio de autores y su obra, temas universitarios... Y luego los otros ámbitos de la creación como la novela y el cuento, a los que somos muy receptivos. Con esos pormenores era muy fácil crear la serie Synoros, Atlántica, o las Voces de la Frontera de poesía (con textos inéditos o textos de Valery, Faulkner...) o una colección en la que tenemos fundadas esperanzas, con relecturas actuales de clásicos (por Luis Mateo Díez, José María Merino...), que se llama Phantasia en honor a Homero.

De los cien números publicados de la revista, ¿cuál considera el más difícil, el que más trabajo costó sacar adelante?

 

Varios, claro. Pero hemos reducido los riesgos contando siempre con los especialistas más capacitados en los temas que tratamos. Por ejemplo, es difícil en España tratar la obra de Coetzee o MacCarthy, pero Fernando Galván es genial; o Tarkovsky, pero Gregorio Martín y Joaquín Ayala lo saben todo sobre cine; o las vanguardias y el surrealismo, pero contamos aquí con la persona que más sabe en el mundo de esos temas, José Miguel Pérez Corrales; o un repaso exhaustivo sobre la novela española, y Santos Sanz Villanueva es el hombre que más sabe del planeta de ese menester; o una considerable historia de la literatura de Canarias, mas Juan José Delgado estuvo dispuesto a intervenir y a organizar... Complejo, difícil, sí, pero dispuestos. Ese es el reto al que siempre se ha enfrentado La Página.

 

Tras el número 100, ¿La Página cambiará contenidos?

 

La Página ha ido agotando etapas a lo largo de su existencia y hemos ido cerrando el cerco a lo largo de la historia. Propusimos, en principio, una revista que contaba con tres aspectos que combinaban novedad (los monográficos) con el modo de ser de una revista tipo: información general sobre literatura y cultura (que incluía incluso reseñas de libros) y creación literaria. La novedad la tenemos por un mérito, tanto que las revistas de España cambiaron sus perspectivas luego de La Página (y eso que existía la británica Granta, revista a la que, en parte, es afín La Página.) A partir del número 62 cambiamos, incluso en lo que se refiere al formato (de unas medidas estándares de revista a unas más cercanas al libro). Nos hemos decidido por los monográficos, de autor o de otros aspectos afines. Por ahora persistimos. ¿Cambiaremos? Es probable. Incluso es posible que en un futuro más o menos inmediato combinemos la edición en papel con la edición digital, y supongo que no serán del todo iguales los contenidos en un formato y en el otro.

La Página como revista generadora de debate.

 

Sí, eso es lo que siempre hemos intentado. La Página no es una revista que se sitúa estrictamente en el espacio de la actualidad y de las figuras literarias de renombre, esas que venden por sí solas. Por ejemplo, nunca hemos dedicado número alguno a los Best-Sellers o a escritores como García Márquez. Nuestro espacio es la literatura, literatura en su rigor. Que las revistas al uso no se ocupen con suficiencia de Borges, de Arlt, de Tarkovsky, de MacCarthy... es su problema, no el nuestro. De ahí, insisto, que nos hayamos adelantado (Luis Mateo Díez, Chatwin, Tabucchi, Isaac de Vega....), de ahí que nos hayamos sumado al Neobarroco y que lo hayamos desarmado con el tiempo. Nuestra proclama es la inquietud, y la inquietud siempre discute, se aferra a su convicción.

 

Y, finalmente, ¿cómo se escogen los temas?, ¿cómo se va desarrollando la revista con el día?

 

Cada año desplegamos las perspectivas, tenemos todo previsto antes de comenzar a trabajar. Uno de los seis números procuramos que siempre esté amparado en "lo nuestro", en temas de Canarias. Quedan, pues, cinco. Que distribuimos entre el estudio de autores (los más) y algunos aspectos a subrayar de la cultura.

Galería de imágenes II

J.J. Armas Marcelo

"Sobre La Página"

Una de las características de los proyectos literarios que se llevan a cabo en Canarias, y por ende en toda España, es su incertidumbre, y su incapacidad para llevar a alguna meta de la que se pueda hablar como hito histórico. Eso no siempre ocurre así, ya tenemos un ejemplo, La Página, más de cien números sobre cualquiera de los escritores más conocidos y leídos, y respetados, del mundo. Con firmas, críticas, ensayos y reportajes que han hecho un camino lleno de heroicidad intelectual. Eso es La Página: una heroicidad intelectual, sobre todo cuando una revista de excelencia, como es la que dirige desde el año 1989 el escritor y profesor Domingo-Luis Hernández, parece no tener límite en su rigor y ambición literarias.

 

Ser amigo de este proyecto no es otra cosa que sentirse ligado a una navegación de altura, sin tiempo ni geografía. Pero es que sí tiene tiempo y geografía: un tiempo de mediocres, un tiempo en que la legión de paniaguados y entenados de la literatura suben hasta las cumbres del poder político y se encumbran en un canon mentiroso; La Página, entre tantas tormentas, pone —como el tiempo— a cada uno en su lugar, porque cada uno cuando es cada uno tiene un lugar, y el que no lo tiene en La Pagina es porque ni siquiera es: ni está ni se le espera. Esa generosidad intelectual de La Pagina, de Domingo-Luis Hernández y de todo su equipo, hace el resto. ¿Que en Canarias no se puede hacer literatura? Ahí está La Página, para desmentirlo. ¿Qué en Canarias no hay esperanza para los escritores? Ahí está La Pagina para desmentirlo. Otra cosa, que nada tiene que ver con La Pagina, es la guerra de taifas intelectuales y las banderías de escritores y adyacentes, porque la revista ha sabido mantenerse al margen de los vaivenes de los mediocres y de los exagerados afanes de poder de algunos de ellos. Por todo eso, no tengo sólo que felicitar a La Pagina, a Domingo-Luis Hernández y a su equipo, por la epopeya de sus más de 100 números, sino felicitarme por poder leer cada una de sus propuestas. Y hacer votos, todos los que hagan falta, porque La Pagina, después de un tiempo, tenga el número 200 en las calles del mundo literario. Y todos ustedes, conmigo, que lo vean. Adelante.

Luis Mateo Díez

"La página: una mirada actual y universal"

Parto de la idea siguiente: La Página nace por la preocupación que tuvieron sus fundadores por asumir la tradición de las grandes revistas creativas de Canarias. Ese sector de la cultura de Canarias, las revistas (que a ninguno de los que estamos en el ámbito de la cultura se nos escapa) es uno de los elementos más importantes a considerar de las Islas, y La Página no sólo no le ha hecho ascos sino que quiso, desde el principio, acogerlo en su lícita responsabilidad. Por lo que La Página se pone en la perspectiva de las grandes revistas de la Vanguardia, fundamentalmente la canaria Gaceta de Arte, y tal cosa depara una consecuencia: Canarias puente, La Página puente entre culturas.

 

Otra cuestión que me parece oportuno destacar, incluso en relación a lo dicho con anterioridad, es que siendo La Página una revista actual, que busca explicar y difundir lo último de la cultura y de la literatura, no desprecia la tradición. Y eso vuelve a la responsabilidad ya dicha y al rigor.

 

Y cabe, entonces, señalar dos aspectos fundamentales de La Página. El primero: una revista de cultura en la que los elementos utilizados en la universidad, los estudios universitarios, se muestran en sus páginas. Lo importante, sin embargo, no es eso, lo importante es que (con esos registros de solidez) La Página se desliza a territorios más propios de los creativo, ese mundo que no tiene mucha cabida en lo estrictamente universitario. Y eso es un valor de La Página que no solo hay que admitir sino subrayar: el ensayo cultural, que muestra con rigurosidad, con una fuerte carga de estudio... Ese camino intermedio entre lo universitario y la difusión es su gran acierto, así como la puesta de largo en España del ensayo cultural, ya dicho. Un modo de ser, de intervenir, de reflexionar y de proponer.

 

La segunda cuestión a considerar es que La Página, siguiendo lo que ha ocurrido en Canarias y en las Vanguardias (como también ya se dijo), expone una mirada a la actualidad europea y occidental, en su más vasta dimensión. De ahí los dossier y monográficos dedicados a escritores europeos, norteamericanos... Pero eso no es todo: esa mirada es lo que arropa la visión de La Página sobre lo hispano. Es frecuente que en España (no tanto en Hispanoamérica) la mirada sobre nosotros sea concéntrica, exclusiva. La Página muestra que no, que no solo no estamos solos sino que es una aberración el que soslayemos esos registros. La literatura española es literatura europea; con ella convive y los elementos de las épocas fuera de España no son distintos a los que aquí vivimos. Luego, La Página y Europa, La Página y la literatura occidental, con un atento rastreo de la cultura hispana, a todo lo que tiene que ver con lo español.

 

El resumen es concluyente: La Página y lo universal, lo que está pasando en otras lenguas. Y no sólo en lo que afecta a la literatura, sino a lo artístico, al pensamiento y, otra novedad en una revista como La Página, al cine.

Tomás Val

"La Página: lejos de la furia y la prisa"

Cuando los destinos más parecen difuminarse y hasta desaparecer; cuando se nos antoja y nos aseguran que no hay lugar al que ir más que los escombros de este presente que se desmorona, más nos ataca la prisa. Criaturas aturulladas, frenéticas como vencejos en anochecer de verano, que se refugian en la prisa del desnortado para no tener que detenerse y echar una mirada a su alrededor. Más que nunca nos hace falta la reflexión, la mirada serena y pausada, la charla larga y la palabra que acude a nuestros labios -o a nuestras pupilas- con intención de quedarse, dándonos la oportunidad de volver sobre ella una y otra vez, que las palabras son caleidoscopios que nos asoman a infinitos paisajes. Todo sucumbe al usar y tirar; todo lleva en su interior la obsolescencia programada, ya sea una lavadora, una idea, una novela o una revista literaria.

 

Es casi pecaminosa esa mirada fugaz a la Literatura que ha logrado contaminar a la propia Literatura. Ruido, ruido, ruido de tertulia política, de programa televisivo del corazón, de algarabía vecinal que nos aturde con el alboroto y que no nos deja oír, si la hubiera, la voz individual, el discurso sereno, la reflexión. Cada vez son menos las revistas literarias que logran sobrevivir, los suplementos periodísticos que se ocupan del libro con la seriedad debida, con el respeto exigible. Para intentar no naufragar en la tormenta, se recurre al cotilleo, a la anécdota, al coro de los grillos cantándole a la luna, a la más descarada mercadotecnia sin que nada valgan los méritos literarios. Se venden libros como se venden coches o perfumes; se leen como se consumen ciertos platos deconstruidos en ciertos restaurantes de moda; se comentan como las damas de honor alaban el vestido de la novia y, después, se olvidan como se olvida el último partido amistoso que disputó nuestro equipo de fútbol o como el romance que nunca tuvimos, que jamás cuajó.

 

En esa tan extendida jaula de grillos, en ese incesante ir y venir donde perdemos tantas cosas y no encontramos nada de fundamento, la revista La Página es un honroso e insustituible paso con barreras. Esta publicación —y con ella su creador, Domingo Luis Hernández—, sabe bien que se asoma a mundos, a universos complejos y multiformes que no pueden despacharse con cuatro palabras, con cuatro líneas redactadas apresuradamente, con una nota a pie de portada. Los más de 100 números que ya alcanza esta revista son un milagro del análisis, un regalo para aquellos que saben y quieren que una obra literaria sea algo más que cuatro ratos de lectura. Más de cien números que son más de cien mundos por lo mejor y más grande que el ser humano ha sido capaz de imaginar, de armar, de crear. Luis Mateo Díez —por empezar por el principio, por el número uno, que el análisis no puede prescindir del orden— y Homero, Wolfe y Tabucchi, Espinosa y Giordano, Hörderling y Canetti, Cormac McCarthy o Celan... Todos están ahí, todos han estado en los veinti y muchos años de esta revista y el lector que se haya asomado a sus páginas regularmente ha tenido el privilegio de conocer en profundidad. Alejados del ruido, a salvo del alboroto, han podido aproximarse a las obras literarias, a los movimientos culturales, con la tranquilidad debida, con el respeto exigible. La Página, la revista La Página, siempre me ha recordado a esas posadas venerables donde el viajero novelesco se refugiaba de un largo invierno, de un naufragio o de un pasado y acababa descubriendo un mundo lleno de aventura y de sorpresas. La Página desmenuza, analiza, relaciona y descubre mundos a quien a ella se acerca. La Página es la posada para los amantes de la Literatura y su persistencia es la mejor noticia que podíamos tener aquellos que todavía sentimos que el tiempo se detiene cuando en nuestras manos cae un buen libro.

 

Felicidades al honesto y perseverante posadero, Domingo-Luis Hernández.